domingo, 12 de junio de 2016

La magia del orden

Este fin de semana nos hemos quedado en Barcelona, la verdad es que prefiero cuando nos vamos de fin de semana a la casa que tenemos en la montaña... así desconecto mucho más, pero, también, lo confieso, para no tener que ver el gran desorden de mi casa. Los días de cada día ni lo veo, vamos todos tan a piñón que no soy consciente de que mi casa parece un campo de batalla, pero el fin de semana... Un zapato fuera de lugar, los juguetes de la niña repartidos por cualquier rincón de la casa, un guante de bici de mi marido, dibujos infantiles sobre la mesa, piezas de las sorpresas de los kínder en todas partes.... parece imposible que tengas una ayuda dos veces a la semana, y que vivas en una leonera.

Cenando con una amiga lo comento desesperada, ya no sé qué hacer,  y me confiesa que ella ha aplicado el método de Mary Kondo y su famoso libro La magia del orden. Incrédula, la miro, y me cuenta que si no ordenas no existes, que con el orden a tu alrededor empiezas a vivir de verdad, que jamás debes hacer una bola con los calcetines, que des las gracias a ese vestido que era entallado y ahora ya no es tu talla (acéptalo que ya no va a volver a entrar) y te indica que lo tires a la basura. Después de escuchar la esencia de la filosofía Kondo pienso que la mujer se haría el harakiri si entrase en mi casa, estoy convencida, pero aun así le daré una oportunidad, y hoy mismo compraré el libro, me empaparé de sus premisas, y pronto os cuento si lo he conseguido y la magia del orden ha cambiado mi vida. Quizás así la próxima vez que me siente en el sofá no me clavaré las mancuernas en el culo. 

lunes, 6 de junio de 2016

Llegó el momento de la verdad

Me encanta el buen tiempo, da buen rollo, calor, terrazas, colores vivos, los días más largos... esta semana apunta a que ya podemos confirmar que ha llegado el verano, y después del invierno que hemos pasado, que no nos engañemos ha sido de risa, una primavera lluviosa y ventosa, esperemos que el verano nos traiga sol y calidez. Todo muy bonito y hasta aquí todo suena genial, pero se acerca también ese momento temido, el momento de la verdad, lo inevitable...hay que probarse los biquinis.


El año pasado aproveché alguno del año anterior pero este año no puedo escaquear, habrá que ir de compras. Y es que a mí ir de compras me encanta, pero a principios de junio, comprar biquinis es de lo más desagradable que hay. Todavía blanca, sin color alguno, sin haber terminado la dieta, y con algún pelillo de más, debes probarte las braguitas y el sujetador, en un probador de 2x2, con una luz horrible, aguantando la cortina para que la gente que espera no te vea las chichas....ay madre, ¡Qué pequeñito es esto y cuanta carne tengo para esconder! ¡Suerte que están de moda las curvis! Bueno, eso dicen y a mí me encanta creerlo.

Pues, eso, no se puede retrasar mucho más, hay que ser fuerte, armarse de valor y si tienes tiempo depilarse y... a por ello, objetivo de esta semana; comprarse un biquini, que con un poco de imaginación, puedes hacerte una idea de cómo te quedará cuando estés bronceada, con los 3 quilos que te faltan por perder y en una playa de arena blanca, bajo un sol brillante y acompañada de las risas de tus amigas mientras disfrutas de tus vacaciones. 

lunes, 30 de mayo de 2016

No me mira ni el tato, ¿y????

Creo que la edad madura tiene cosas buenas. Ya paso de los 40, pero en mi caso, estoy mejor ahora, que a los 30. Y me lo digo yo misma sin tapujos. Sin embargo, creo que llevo pegado en la frente una etiqueta que dice “MUJER CASADA Y CON HIJO”, porque aunque ahora me siento bien (y mi trabajo y mi dinero me cuesta, os lo aseguro). Creo que no me mira ni el tato. Y eso que hago más deporte que nunca: Spinning dos veces por semana, pádel siempre que puedo y con entrenador personal, me pongo las mil y una cremas que hay para cada cosa, me hago tratamiento anticelulítico durante todo el año, porque el de tres meses antes del verano ya no me vale, pero ni el tato, ni mi mismísimo marido se dan cuenta de ello. Cosa que por un lado me sienta mal, antes los obreros me silbaban y me decían algún que otro piropo, y era de las chicas de la clase que tenía más de un pretendiente, pero a día de hoy que me siento mejor que nunca, sólo me gusto yo.


Sin embargo me animo yo misma, y me digo con mi vocecita interior: Tenemos que estar bien porque tenemos que queremos, no por los demás. Cada vez que me pongo unos pantalones de la temporada anterior y me van grandes, grito: ¡ALELUYA! Cuando me miro al espejo y pienso que mi piel todavía no tiene arrugas, grito: ¡GRACIAS! y cuando me pongo un pantalón corto y me miro las piernas pienso: ‘Este año todavía no amiga, todo no se puede conseguir al mismo tiempo’. Ahora los vaqueros ya no te sientan mal, incluso te empiezan a sentar bien, pero para llevar según que pantalón corto, o faldita de pádel,  hace falta más spinning y más anticelulitis, y eso es así. Pero os aseguro que lo conseguiré, y antes de los 50, porque aunque los hombres no me miren, yo me veo cada día y quiero estar segura de salir a la calle y estar feliz de cómo soy y gritar a los cuatro vientos que me siento bien en todos los sentidos y eso es lo que cuenta.

El esfuerzo tiene su recompensa amigas, y por tanto quererse es más importante de lo que pensamos. Es un sacrificio, pero vale la pena, y a veces, puedes darte caprichos, un trocito de chocolate, un sorbete de limón o un pellizco de pizza, que la vida son cuatro días, y hay que vivirla, después lo quemarás con más ganas. Todo es cuestión de fe y constancia, que ya estamos casi en verano y es la época para disfrutar. FELIZ LUNES.

martes, 24 de mayo de 2016

Yo también fui a EGB

El viernes fue un día especial, me reencontré con mis compañeros de colegio. La mayoría fuimos juntos de primero de EGB hasta COU. Sí, sí, yo también fui a EGB, y la verdad es que fue bonito, emocionante, divertido. Una tarde/noche fantástica de recuerdos y de sonrisas. Mirando atrás  me doy cuenta que la época escolar es media vida: 18 años juntos!!!!!  Hubo etapas duras, momentos de todo, pero te quedas con lo bueno, y eso es gratificante para encarar también otras etapas de la vida. En esa cena hubo mucho “Remember when”, pero también el momento que a todos se nos caía la baba, era cuando alguien te preguntaba ¿Tienes hijos? Y no esperaba nadie ni medio segundo en sacar el móvil y enseñar las fotos de sus retoños. Todas madres orgullosas, pero los padres también, y lo que me pareció curioso fue que nos pasamos media noche hablando de nuestras hazañas infantiles o nuestras aventuras adolescentes,  o de nuestros hijos, pero que nadie hablaba de sus parejas.


Llega un momento que las parejas pasan a segundo plano, clarísimamente. Pasamos  de los recuerdos del cole, de los guapos de la clase, de quién siempre sacaba buenas notas, a hablar de nuestros niños, de sus aficiones y las preocupaciones que como padres tenemos todos con cada uno de ellos, pero si estás casada con un ingeniero, un arquitecto, un peón de obra, un actor o un médico, eso ya no importa a nadie. Cuando antes las conversaciones de chicas eran sólo, o casi sólo, de los chicos guapos de la clase o, incluso, de los guaperas de dos cursos más arriba que el tuyo, pero la vida es así de curiosa, y en cada momento vital, hay distintos tipos de conversación. Cuando eres madre solo hablas de caquitas, cuando te vas a vivir en pareja solo hablas de pisos, muebles, y de tu príncipe azul, y cuando eres ya “mayor” y celebras que hace 25 años saliste de COU, prefieres recordar esos momentos geniales con tus compañeros, o hablar de los hijos que son una de las prioridades de todos,  porque pasan a ser el centro vital de las parejas, porque su mundo es tu mundo, quieras o no quieras.

Todos los que estábamos allí pretendíamos irnos a dormir pronto, que después no lo hicimos, pero la única razón era porque el sábado por la mañana había partidos de fútbol, básquet o cualquier deporte practicado en equipo, o sea, prioridades de los peques. Y por la tarde sesión de FROZEN o Star Wars en la tele, que las tienes ya grabada para cuando necesitas paz, o intentas cerrar un poco un ojo y descansar, porque te has ido a dormir tarde, y no estás para según que trotes ya, o al menos, no estás acostumbrado, y los peques repiten las mismas películas cada vez que pueden, pero al menos es como un hipnotizador que les deja quietos una rato, mientras tú, dormido, puedes hasta recitar las películas de memoria. Pero este es el gran mundo de la pareja con niños, pero combinarlo con salidas como estas, da muy buen rollo, porque a pesar de que los temas fueron recurrentes, sentimos todos una sensación de estar recuperando aire, quizás nos sentimos un poco “jóvenes”, un poco libres en el mejor sentido de la palabra.Y solo os digo que ya tenemos un chat de WhatsApp abierto, donde hemos colgado las fotos del evento, y pretendemos quedar dos veces al año, porque pretender quedar más sabemos todos que es inviable, pero, cada semestre, es un objetivo realista y un par de veces al año no hace daño y da mucha vidilla. 

lunes, 16 de mayo de 2016

Arriba y abajo

Cada mañana a las siete suena el despertador y entro en la ducha medio dormida, pero como antes ha entrado él, siempre, encuentro la tapa del WC abierta, cosa que no soporto. Tiro de la cadena, y bajo la tapa del WC. Me visto, me pinto, bebo mi vaso de agua con limón recién exprimido y cojo el casco de la moto para salir. El día es estresante, no paro ni para comer, y cuando llego a casa, cansadísima, dejo el bolso, el maletín, y voy a ponerme cómoda, y pasó por el baño para desmaquillarme e incomprensiblemente todo está perfecto, excepto que la tapa WC vuelve a estar abierta. ¿Cómo puede ser? El solo ha venido a coger su bolsa de deporte, está en el gimnasio, y en esos diez minutos ya se ha vuelto a olvidar de que la tapa del WC se baja porque si no huele, porque además queda mal, y porque a mí me da la gana. ¿Es tan complicado?


Me estiro en el sofá a leer un rato, y cuando llega del gimnasio no pasa por el baño, viene duchado, así que preparamos la cena y nos sentamos a ver nuestra serie preferida y le digo:
- Por cierto cielo, no dejes más la tapa del WC abierta, me molesta.
Y él me contesta que no lo hace. Sólo somos dos, y hoy ya es la segunda vez que está arriba, y no abajo. Pone morritos  y me dice que quizás tengo razón.
-No pasa nada, pero recuérdalo, es una manía, sí, pero es higiene.

Seguimos mirando la tele abrazados, los primeros días de convivencia siempre son ideales en casi todo, y decidimos ir a la cama, hay que madrugar. Volvemos a la zona de peligro; el baño. Nos lavamos los dientes, yo me pongo mis cremas, salgo a beber mi vaso de agua, este sin limón,  y cuando vuelvo; la tapa de WC abierta. ¡No me lo puedo creer! Ya veo que esto es misión imposible. Sacó la cabeza por la puerta y grito:
-¿Sabemos lo que es arriba y abajo o recuperamos los episodios de Barrio Sésamo?
Y él con toda su pachorra contesta:
-  Mi amor, la he dejado arriba para que fueras tú la última, y dejaras el baño perfecto. Tapa abajo y cadena tirada. Así nos evitamos problemas, ¿no?


Esto no va a quedar así, os lo aseguro. Lograré que las excusas sobre el "excusado" no queden en saco roto. Mañana más.

lunes, 9 de mayo de 2016

Los maravillosos desayunos en pareja

Hoy llueve, me he despertado con dolor de cabeza, y aunque es domingo no estoy de buen humor. Sin embargo mientras me estiro y hago un poco el remolón, pienso que mi pareja, al cual no le gusta dormir, como a mí, y lleva ya una hora levantado, me habrá preparado un buen desayuno: zumo de naranja recién exprimido, café con leche al punto, como a mí me gusta, y quizás ha ido a buscar algún croissant de mantequilla, a pesar de que sabe que no quiero abusar, por eso de la operación biquini, y mis neuras con que viene el verano y no me quedan bien esos pantalones blancos del año pasado. Sin embargo pienso que un día es un día. ¿No?


Así que me levanto, pensando sobretodo en ese croissant, y me encuentro la mesa parada, pero con café con leche y sacarina, pan integral y pavo, y cereales de avena. ¿Dónde está mi croissant? Él me sonríe y me dice, que como esta semana ha sido dura, y le he repetido mil veces que no debía pasarme con la dieta, ha pensado que lo mejor era empezar desde hoy mismo a no hacer "extras" y a comer bien para que esos famosos pantalones blancos entren sin problemillas. La ira me iba subiendo del estómago hasta la garganta, pero él ha seguido y me ha propuesto ponemos ropa de deporte y salir a correr un ratito, porque así no hay excusas, porque eso de empezar los lunes desde hace ya dos meses, es leyenda urbana, y me ha recordado que estamos a mayo, y que después vendrá el drama del biquini. Creo que me he puesto hasta colorada, pero he tenido que tragar quina, junto la avena, como los pollos, y un trocito de pavo, y en boca cerrada no entran moscas ni na de ná

Maldito domingo, solo me lo hubiera salvado el croissant, o un buen polvo, pero ahora me toca cerrar el pico y salir a correr, y eso me pasa por hablar. Eso de los kilos, no lo vuelvo a verbalizar, os lo prometo, porque él se lo ha tomado al pie de la letra, y espero que ni se le ocurra decirme nada más, porque por hoy ha sido ya too much

lunes, 2 de mayo de 2016

Los primeros pasos del amor

Casi todas hemos vivido la pasión del primer amor, cuando todo es color de rosa. Cuando cuentas los minutos que faltan para volver a verle, cuando después de verle cuentas los minutos que faltan para que te llame y te dé las buenas noches. Cuando los besos son apasionados, y solo buscas el momento de poder estar con él. A mí me gustaría poder decir que esta pasión de fuego dura toda la vida, pero mentiría, y el primer frenazo ya te lo pegas cuando sentados en ese banco de siempre, bien arrimados, pensáis en ir a vivir juntos y él te dice: Me imagino nuestra casa pequeña con decoración de Ikea. Y tú piensas que es lo normal, no hay pasta y para empezar es un recurso, pero cuando dice que el baño se lo imagina azul, cuando tú siempre lo has imaginado blanco, y los muebles de madera antigua, cuando a ti te gustan modernos y a la última, ya empiezas a pensar; ya le daré vuelta. Pero cuando suelta; y esa habitación que nos sobra, de momento, pondremos una cama para cuando mi madre venga a visitarnos. Eso ya es la bomba y sueltas un grito pelado: ¿QUÉ? Mi amor, quizás esto del piso lo discutimos con más calma otro día. Ir a vivir juntos es una aventura, y nunca mejor dicho, porque es donde empieza todo, para bien y para mal. El fuego pasional lucha contra el cotidiano, y es una guerra de titanes, divertida, pero con sus cosillas, así que antes de dar este gran paso, paciencia y un libro con pequeños consejos amenos y un test de compatibilidad que no os dejará indiferentes. Vayamos a por ello.


lunes, 25 de abril de 2016

¿Por qué a mí?


El viernes pasado me lo había montado bien. Salí temprano de la oficina, para tener tiempo de ir a comprar con calma, no de compras, sino a hacer la compra de la semana y pasar por casa a dejarlo todo, no creáis. Pero así empiezo el lunes con un dolor de cabeza menos. Sólo me quedaba acabar de hacer la maleta del finde, que  esta vez empezaba ya en viernes tarde porque el peque no tenía partido el sábado, y podíamos ya irnos el mismo viernes a desconectar. Pero al aparcar el coche, delante justo del mercado para salir después pitando, la organización era impecable, noté un golpe tremendo ente las ruedas, y el coche no tiraba ni para adelante ni para atrás. Salí del coche, me estiré en el suelo, sucio de grasa, pero me dio igual,  y vi lo nuca visto,  un cepo clavado en la parte posterior del coche. No me lo podía creer. Mientras estaba estirada en pleno parking, se me acercó un hombre,  y me ofreció amablemente ayuda. Creo que pensaba que me había dado un síncope, y la verdad es que estaba a punto, pero me levante rápido y fue él, entonces,  el que se estiró para ver si podía hacer algo. Me pidió que me montase en el coche e intentará ir despacio hacia delante y hacia atrás, siguiendo sus indicaciones que él en una postura indescriptible,  de rodillas y culo en pompa, me pedía que lo volviera a intentar mientras yo solo le veía el trasero y su pantalón beige, como iba quedando negro. Pobre chico, lo intentó, pero después de media hora, abandonó y llamó al vigilante del parking, que muy cachondo él,  pretendía con una escoba derribar el cepo. No me podía estar pasando a mí eso, un día que me había organizado todo a la perfección. Esto no lo supera ni a Almodóvar en sus mejores películas, porque viendo el señor del parking que un cepo de puro hierro no se derriba con una escoba medio rota, llamo a los pintores que tenía en la tercera planta del parking para ver si podían ayudar. Eran dos musulmanes, que casi no hablaban español, pero alucinaban también con la situación grotesca que había pasado. Yo les pedía a ambos, ¿Podrás sacarlo? Ellos en su idioma, que no entendía ni Papa, iban hablando entre ellos y poniendo cara de complicación. Me veía llamando a mi marido y explicándole que olvidásemos salir temprano porque el coche había quedado clavado. Sin embargo, uno de los pintores me pregunta si tengo gato, el de cambiar la rueda, claro, y le digo que creo que sí pero no sabía dónde. Y él extrañado, me mira de arriba abajo y me dijo: ¿Usted no cambiar nunca rueda? Y le dije tímidamente: No, yo llamo al RACC. Me miró mal, pero buscó el gato, lo encontró, elevó el coche y con un soplete fundió el cepo. Así de claro. Suerte tuve de los dos pintores resolutivos, a los que no sabía cómo agradecerles la ayuda, y porque me ahorraron una buena bronca marital y el poder salir en coche y un ataque de nervios, pero a por el fin de semana igualmente.

lunes, 18 de abril de 2016

¡El tamaño sí que importa!




No soy una persona que esté cada semana viajando, no lo soportaría, pero sí que tengo cuatro o cinco viajes al año de trabajo, más alguno de placer, los cuales tengo que viajar casi siempre en avión, aparato al que cada vez le estoy cogiendo más manía. Viajar en avión es simplemente incómodo. Tienes que llegar al aeropuerto bastante antes porque si no puedes encontrarte con sorpresas desagradables como el famoso overbooking, tienes que prevenir como vas vestida, porque según lo que lleves, puedes quedar casi desnuda en la famosa cinta de seguridad: Fuera reloj, pulseras, cinturones, zapatos, chaquetas y por poco el sujetador, si es de los que llevan aro, porque la sirena siempre pita. Y si pitas, viene el toqueteo de la segurata, también incomodo, y pesado. Pero aquí no se acaba, después de todo esto, viene el problema con la maleta. Cada vez menos gente la factura, y por tanto los aviones no están preparados para que todos subamos a bordo con todo puesto. Yo soy bajita, y es casi imposible llegar a ponerla en su sitio, y siempre tengo que pedir ayuda, y las azafatas no están cerca nunca, así que al, primer hombre alto que tengo al lado, debo ponerle cara de pena y pedirle que suba la maleta, que es de cabina pero siempre pesa mucho, porque no logro, de ninguna manera, que nada de lo que llevo encima, nunca, sea ligero.  Lo bueno de ser como un Minion es que como los asientos son tan estrechos, cabes, porque los altos, no sé cómo pueden pasar hora y media, mínimo, con las rodillas casi en la boca, y ni te explico cuando tienes que desplegar la mesita, porque te has pedido un café, la cosa se complica todavía más, y las piernas ya las tienes que poner en plan contorsionista para que nada caiga al suelo. Por lo tanto, la maleta tiene que ser pequeña, el bolso XS, y tú mismo también, y aún y así, el viaje no es nada cómodo. ¿Cómo puede ser? El tamaño sí que importa, y mucho en los viajes de avión, y cada vez más. Así que cuando bajó de un avión pienso que será la última, pero de momento ellos tienen la paella por el mango, y todos pasamos, por el tubo, y nunca mejor dicho.

lunes, 11 de abril de 2016

Chiquiparc, ese lugar mágico que a los padres nos aterra

Mi hija cumple 7 años. ¡¡¡7!!! Parece mentira y todavía me recuerdo con esa enorme barriga, el médico decía que venía pequeña, y yo ponía cara de incrédula con mis 17 Kg de más, pensaba que no era posible, pero lo era, nació con 2.100Kg y todo fue bien y un par de días después del parto, mi marido, mi hija, yo y mis 14 Kg de más llegamos a casa. Parece que fue ayer, pero no, hace 7 años de todo esto y me veo envuelta en la frenética tarea de preparación de una fiesta de cumpleaños. Y no dejo de pensar si los padres de hoy en día nos hemos vuelto locos. ¿Dónde quedaron esas lindas fiestas de cumpleaños en las que invitabas a tres o cuatro amigos y venían a casa a comer sándwiches de Nocilla caseros y ganchitos? Ahora nos desgreñamos para celebrar una fiesta de cumpleaños, buscando un lugar especial, invitamos a una clase entera, venga a todos, y que vengan los hermanos, los vecinos, los primos… en casa no caben obviamente. Acabas en un chiquiparc… sí, que felices éramos cuando todavía no habíamos pisado uno… ¿Recordáis? La preparación se convierte en una maratón de cosas que te acaban estresando: invitaciones, confirmaciones, extras, magos, payasos, meriendas, niños intolerantes a todo… ¡Por dios qué estrés!



Y llega el día, ya te has peleado con tu marido, porque estás de los nervios, y los que han confirmado no vienen, y los que no han confirmado se presentan con dos hermanos de más y en fin… te pasas un sábado soleado de primavera, encerrada en un Chicquiparc de 1000 metros cuadrados, rodeada de 3.000 niños desmelenados, gritando y sudando, intentando entablar una conversación con unas mamás y unos papás que no conoces de nada porque nunca vas a recoger a tu hija al cole.
Y te abres camino a codazos entre las miles de personas que hay mientras intentas hacer una foto a tu hija que está subida en un escenario con 15 niños más soplando la vela del pastel. Hay monitores disfrazados por todas partes, y los niños no meriendan nada de eso que le han puesto en el plato, sobra la mitad del pastel, y una chica de pirata te dice si te lo quieres llevar… ¡Suerte que estás a dieta y tienes la mejor excusa!  Y miras el reloj y ya son 20.12 y piensas, bueno ya se acaba… pero no sin sorpresa final. Por el altavoz piden que las mamás de los cumpleañeros vengan a la pista para bailar y acabas esta fiesta bailando al son de

Oye, abre tus ojos, mira hacia arriba 
Disfruta las cosas buenas que tiene la vida 
Abre tus ojos, mira hacia arriba. 
Disfruta las cosas buenas que tiene la vida 

Y piensas que sí, que hay que disfrutar de las cosas buenas que tiene la vida, que hay muchas, entre ellas, que tu hija crezca y lo haga feliz.

lunes, 4 de abril de 2016

Fin de temporada

Lo he probado varias veces, pero no hay manera. No me gusta esquiar. Ir a pasar frío, ponerse unas botas incomprensibles con las que no puedes andar y que te aprietan el tobillo de tal manera que después tienes hasta agujetas, de la compresión. Otro tema es el atuendo, y vaya tema. Yo soy mujer curvy, por tanto me puedo ir olvidando de los pantalones arrapados, que me quedan como el culo, por tanto sólo puedo elegir mono entero, color lo más oscuro posible, pero con el que tampoco me veo bien porque parezco el muñeco Michelin, dado que debajo no me vale solo con una camiseta térmica, soy demasiado friolera, por tanto con tanta ropa debajo, y mis curvas, ya os lo digo, el Michelin se queda corto.


Una vez lo tienes todo puesto, que cuesta ya lo suyo, viene lo que dicen que es divertido. Subir en marcha en un telesilla, con esquís incluidos ya puestos en los pies, con esas botas que te dejan el pie sin circulación sanguínea, y se pretende, que sin caerse, subas con tres personas más al telesilla, que sube en altura, y no me hace puñetera gracia, por tanto si tienes vértigo es un hándicap más en la dulce jornada, y sin que nada se te caiga; ni guantes, ni gafas, ni cintas, ni los maravillosos palos, que sin ellos, ya me dirás después como bajas. Subir no es fácil, pero normalmente pasas la prueba, y tensionado para que nada se te caiga en el trayecto del telesilla, van viendo el final,  cuando tienes que bajar, porque si no el telesilla da la vuelta y puedes pasarte el día en plan tiovivo. Por  tanto, aunque por un momento pienso que mejor no saltar y dar otra vuelta, los amigos de telesilla empiezan a subir la protección, que también da “yuyu”,  y prefiero cerrar los ojos y saltar pensando que no haya nadie un poco más abajo, porque me lo como. Resbalando a tope para que la silla no me dé un golpetazo en el trasero, y con los palos en plan banderilla, intento mantenerme en pie sin meter el palo en el ojo a nadie, y esto es solo el principio. Ahí empieza todo. Bajadas enormes, llenas de gente, y con los famosos remontadores que te arrastran hasta más arriba de la pista para que puedas bajar con más pendiente. El tele-arrastre es también de lo más cómodo, te lo colocas en la entre-pierna y te arrastra, literalmente empujándote desde el culo, siempre que consigas mantener el equilibrio, que los esquís no se crucen, y hagan que caigas de bruces enganchada en esa percha, con una mano,  comiendo hielo a punta pala porque vas arrastrándote por el suelo, sin que nadie pueda ayudarte, y con la otra mano manteniendo los dos malditos palos, que son la salvación de poder bajar después.  Ya lo veis todo muy fácil. Y ya no os cuento como consigo bajar hasta bajo porque ni con cuña en plan triángulo de los bermudas, consigo mantenerme en pie. 

En resumen, lo he intentado pero no es lo mío, cada uno debe reconocer sus límites, así que prefiero quedarme sentada en la terraza tomando el sol, y que me quede la marca de las gafas, eso sí, moreno nieve, que es lo mejor, para mí, de un día esquí. Así que hoy mismo, pongo a la venta todo el material en Wallapop y a otra cosa mariposa.

lunes, 28 de marzo de 2016

La mona


Lunes de Pascua, en Cataluña hay la tradición de comer mona. Es una tradición muy bonita pero también muy jodida. Ya has empezado la dieta, claro está, porqué sino no llegas al verano decentemente, y te plantan un pastel con una figura de chocolate enorme, este año triunfan los Minions y Star wars. La tradición es que el padrino le compra “La Mona” a su ahijada, y claro, cuanto más grande y bonita mejor. Y tú te encuentras que después de haber desayunado una fruta y un café, y comido un espárrago y trocito de pescado pesado, sin aceite ni guarnición, te plantan al Minion de chocolate tamaño XXL delante… y primero, con fuerza de voluntad dices que no, que no te apetece, porque no tienes ganas de explicarle a tu cuñada, que tiene un “tipín”, que tú estás a dieta, que quieres perder unos quilitos, y te sale un “aix, ahora no me apetece nada, gracias”, y todos se van comiendo el Minion, y los comentarios de “el chocolate está buenísimo”, y “te va a quedar, porque es enorme” y tu estómago empieza a sonar y te remueves en la silla para que no lo oigan y bebes agua, que si llegas a los 2 litros premio, y no engorda…y cuando se marchan todos, te queda la mitad de la Mona encima de la mesa, y no quieres guardarla porque sabes que vas a caer, que ese trozo de pantalón de Mike que ha quedado tiene una pinta brutal…y te lo comes. Y entonces empiezas con las excusas, que total, un trocito, a ver, el espárrago ya lo tienes en los pies, y tantas calorías no puede tener este trozo de vaquero… pero ya la has cagado, el trozo te abre el estómago, que estaba ahí, tímido y triste, y ya sabes que no vas a poder parar… y te comes casi el Minion entero, y con cargo de conciencia te dices: bueno, mañana martes, empiezo de cero y no la volveré a cagar.

lunes, 21 de marzo de 2016

Dieta en marzo


No sé si os pasa o no pero a mí cuando aparece marzo en el calendario me entra un “telele” y la palabra dieta se me tatúa en la frente. Me pasa como dicen de las embarazadas que cuando quieres quedarte, ves embarazadas en todas partes. Pues igual, veo tías con "tipazo" hasta en la sopa. Y sólo de pensar en el biquini… me muero, sobretodo de vergüenza. Así que empiezo a echar cuentas, y me digo, me pongo a ello, 3 meses por delante, total, tengo perder unos 6-7 kilos…bueno… los 3 de las Navidades pasadas, más el medio de Semana Santa del 2015, más los 3 de las vacaciones anteriores, más… no me salen las cuentas…¡Horror! Llevo 10 quilos de más….no llegaré al biquini. Si ya lo decía yo el algodón no engaña y el pantalón tampoco. El otro día vi un vídeo que me encantó, y hablaba de la actitud, aquí os dejo el enlace.



Pues voy a aplicarlo a raja tabla. Actitud frente al reto de perder 10 quilos antes del biquini. Allá voy, actitud y bueno también me coseré la boca por si eso de la actitud no funciona para la dieta.  

domingo, 13 de marzo de 2016

El día de la mujer trabajadora es cada día

El pasado martes fue el día internacional de la Mujer, y la verdad es que hubo hombres en la red que nos felicitaron. No sé si existe el día internacional del hombre trabajador, pero lo que pienso es que el de la mujer trabajadora es cada día. Y si hubiéramos que celebrar algo sería ese día en que la mujer no tenga que hacer nada, hacer fiesta del trabajo, de la casa, de ser madre y hasta de ser esposa. ¿Sería posible?


Pienso que si lo que celebramos es que nos levantamos a las 7 de la mañana, o antes, para hacer desayunos, dejar la casa con las camas hechas (odio ponerme dentro de una cama sin hacer) y a toque de silbato despertar a todos los reyes de la casa, y digo a todos,  para que pasen a lavarse dientes y cara, desayunen y cojan carteras, preparadas ya la noche anterior, en un arrebato de que cada uno es responsable de sus cosas. Si celebramos que cogemos el coche, con un tráfico leonino, y acompañamos a los peques al cole, aparcamos y vamos corriendo a hacer media hora de cinta en el gimnasio para que no se diga que he perdido el ritmo, ese que todavía no he cogido desde Navidad con una excusa u otra cada semana, y después duchada, pintada y arreglada a hacer la primera reunión de trabajo, y así empalmando hasta las 8 de la noche, acumulando mails a punta pala, y cada vez resoplando porque no sé cómo estirar el día, que debería tener, en mi caso 48 horas.

Además soy afortunada si puedo salir a las 20h , porque muchas semanas hay presentaciones o cocteles de trabajo, a los que no se puede faltar porque siempre son clientes importantes, y  ese día lo llamo “modo “POST-IT”: sólo me queda ponerlo grande y amarillo en la nevera con órdenes claras: “Hoy llegare tarde, por favor pon la lavadora y tiéndela”, (hemos de decirlo todo), y para cenar está la verdura ya hervida, y sólo hay que hacer el pollo a la plancha”. Si esto es lo que hemos de celebrar, apaga y vámonos. Propongo que el día de la mujer sea aquel en que podamos sentirnos útiles, como cada día, pero también darnos esos placeres a los que no llegamos nunca porque priorizamos siempre a los demás.

Así que propongo celebrar el día de las mujeres de otra manera, porque somos malabaristas cada día en una sociedad donde todavía falta mucho por hacer, pero sin embargo la mayoría lo hacemos todavía con una sonrisa, y levantándonos cantando I WILL SURVIVE, como mínimo. Pero todavía nos queda marcha para bailar un poco y decir: ¡Vamos a por ello! Felicidades chicas, somos campeonas cada día de esta maratón que es la vida.

lunes, 7 de marzo de 2016

Otra vez Murphy se mete en mi vida

Hace sol, un buen día, y estaba preparada para un fantástico fin de semana donde todo cuadraba bien. Podía depilarme y hacerme tratamiento anticelulítico, ya se acerca el verano y cuantos más meses tenga por delante mejor. Partido de pádel familiar por la mañana y torneo de pádel por la tarde para divertirnos, reír y olvidar, y todo encajaba porque mis padres nos ayudaban con los niños, pero (siempre está el famoso pero) mi madre cogió la gripe terrorífica, sí, la que está atacando a media Barcelona, y la pobre se tuvo que quedar en cama sin ánimo de nada, y mi padre, tuvo urgencia bucal y también quedó traspuesto, así que cambio de chip, cambio de planes, y mi cabeza como una moto de carreras porque reorganizar el tetris no fue nada fácil.


Por minutos me iba poniendo nerviosa y me parecía cada vez más a la novia de Chucky, con la cabeza como un molinillo de café dando mil vueltas. Todo salía mal, recordad la semana pasada que no hubo semana blanca sino negra, y ahora el finde también del revés. Estaba en el trabajo y no podía concentrarme pensando en cómo reorganizarme, hasta que me planté y dije ¡BASTA! Todo no se puede tener tan controlado ni tan planificado, así que dejé fluir, y al final sin agobios ni pelos de punta, las piezas fueron encajando de otra manera, pero encajaron, y el fin de semana no fue como estaba previsto pero ha estado muy bien, quizás si dejase de ser tan rematadamente organizadora, la vida sería algo más desordenada pero con más sorpresas, que primero te dejan KO pero después acabas bailando zumba en la playa porque has ganado el torneo, eso sí con pelos, a lo Oso Yogui, porque la depilación no pude salvarla, pero bien pensado, todavía es invierno y ahora nadie se fija en eso. La semana que viene saldrán todos mejor porque serán más largos. Así que a mirar la vida desde el lado positivo. Peluda y con celulitis, al menos por el momento, pero con prueba superada otra vez.