viernes, 6 de noviembre de 2015

El día de 24 horas


¡Qué difícil es saberse controlar!

Todo el día arriba y abajo. Reuniones, marrones de trabajo, la lista de la compra, el partido del niño, el regalo de cumpleaños de la fiesta del sábado… Me paro un momento delante del espejo y grito: ¡ya no puedo más!

Delante del espejo se aparece mi otro yo, con los pelos de punta, las ojeras hasta los pies, y me dice “estamos fuera de control, pero hazte una coleta, píntate un poco, tendrás mejor cara, y respira hondo tres veces. Ya verás como todo lo veras diferente”.

Lo hago. Pelo recogido, anti ojeras, colorete y rímel, media sonrisa porque me veo mejor. Miro el reloj: las 16.30h, tengo que salir corriendo porque el niño sale a las 17h y además toca dentista, después extraescolar de fútbol y comprar la verdura para la noche. Salgo pitando del baño, y en el espejo se queda la de la coleta y el rímel. Yo soy la de los pelos de punta otra vez, al estilo mamá Simpson, pero al menos con una sonrisa en la cara porque como el cuento de Blancanieves, el espejo espejito dice la verdad, y la realidad es esta y la he elegido yo.

Así que adelante y a por ello, con una sonrisa, y aunque despeinada, porque con el casco de la moto no me cabe la coleta, llegaré a todo y mañana será otro día, quizás igual de estresante, pero empezaré respirando tres veces hondo, pintada y con coleta. Ya veremos cómo acabo, pero lo importante es llegar.


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